- ¡Como canta! -exclamó en tono festivo, refiriéndose...

- ¡Como canta! -exclamó en tono festivo, refiriéndose a la nube. Llamaradas de ira en los ojos, tenazmente elevados hacia él, y murmullos de rencor mal contenido fueron los comentarios que hubo de merecer semejante exlamación. - ¡Siempre había de salirse aquel hombre con alguna de sus chungas! ¡Pues bonita era la ocasión para venirse con chacotadas! Que se dejara en paz de busrlas y acudiera pronto a su deber. -Y así que se abrió la puerta, todos quisiesron subir para hacerle a él bajar. Le expusieron rápidamente su comisión, y negativas, ni consejos, ni reflexiones pudieron disuadir a aquella gente. Resistióse el cura; censuró tal superstición; calificó de brujería el acto de salir a mojarse en medio de las tierras, precisamente, con el fin de espantar una nube que era por sí sola muy bastante pana poner espanto en el corazón más resuelto. Todo inútil. Había de ir con ellos a conjurar la tormenta. Siempre se había hecho así. ¡Había de ir con ellos, o si no!..... La reticencia produjo su efecto, y hubo que ceder.
Respuestas ya existentes para el anterior mensaje:
Cuando el cura salió de su casa, seguido de aquella abigarrada multitud de hombres y mujeres, con el forzado propósito de ahuyentar la tempestad, desafiándola en campo abierto con las armas del exorcismo, hallábase en todo su apoheo la nube. Lívidas fulguraciones de instantáneo incendio se repetían incesantemente, presagiando los ensordecedores estallidos que retumbaban por el cielo atronando el espacio. Arrastradas por el viento, gruesas gotas de agua venían a azotar los rostros de cuantos formaban ... (ver texto completo)